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miércoles, 19 de septiembre de 2012

La hospitalidad, como el regalo, esencial en la construcción de una sociedad de descrecimiento

La hospitalidad, como el regalo, esencial en la construcción de una sociedad de descrecimiento

Crecen mis deudas, con el descrecimiento. No solo estoy muy endeudado con quienes hicieron posible mis  visitas a Copenhague, Barcelona, Cochabamba, Montreal,  y ahora Venecia, también lo estoy con aquellas personas que sin conocerme me han aceptado en su hogar mientras hago estas visitas.  La señora Teresa Rossi, defensora de los migrantes en la región del Veneto, antigua integrante del partido comunista italiano, trabajadora hija de trabajadores ferrocarrileros, madre de dos hijas mayores y residente en la comunidad de Mestre, ha tenido la gentileza de recibirme en su muy agradable departamento por 4 días, mientras, Serge Latouche, ponía a mi disposición su departamento cerca de la Universidad de Arquitectura de Venecia, donde tendrá lugar la  Conferencia. Previamente, ya me han recibido en sus hogares: la señora Giuliana Fiumagali, en su casa en un barrio de trabajadores de Montreal: hija de migrantes italianos, trabajadora en la oficina de correos de Quebec, sindicalista de gran aliento, cercana a grandes luchadores sociales de esa región canadiense, madre de un niño de 7 años, con un padre de Costa deMarfil, Africa. También, la señora Helle Andersen, en su casa en el barrio popular de Norrebruck de Copenhague: cuidadora de ancianos y personas con discapacidad, activista contra la violencia policiaca en Dinamarca,  amiga de familias de escasos recursos residentes en Nicaragua, madre de una hija mayor con padre pescador de las islas Faroe. Estas señoras son un ejemplo a seguir para el movimiento por el descrecimiento. Los organizadores de esta conferencia se quedaron sorprendidos de la magnífica respuesta de las luchadoras sociales del Veneto que acogieron en sus hogares a muchos activistas que han venido a esta conferencia de diversos países. Con tan pocos años en el tema del descrecimiento, un grupo de jóvenes italianas, después de una charla de Latouche hace unos 5 años, han logrado organizar esta impresionante conferencia internacional, en la que solo han permitido el registro a 600 personas y cuenta con el apoyo de más de 50 muy diligentes jóvenes voluntarios de las universidades de esta ciudad. Sobre el magnífico paseo junto al canal de la Giudecca, han instalado una gran exposición de productos artesanales producidos por grandes redes de cooperativas que se han integrado a la red de la decrescita; múltiples ensayos de economía alternativa forman ya parte de la asociación de la decrescita. Uno de los organizadores, consejero de la comuna de Venecia viajará a Mexico en noviembre. Esta ciudad tiene ya una gran lucha para la defensa del medio ambiente. Estoy abrumado por la gentileza de Latouche para conmigo, así como de la señorita Daniela, coordinadora de los asuntos internacionales de la conferencia.

Latouche dice que Aristoteles no llamó economía o crematística a la ciencia del bien vivir, la llamo simplemente ética. La vía hacia el descrecimiento es una ética. Hay que dejar de ser homo economicus y adoptar la triple obligación del don o el regalo: la obligación de dar; la obligación de recibir y la obligación de rendir; esta es la ley de la reciprocidad que esta en el fondo de la socialidad primaria, la de la familia, de la vecindad, de la amistad. La construcción de una sociedad de descrecimiento implica el abandono de la economía y la ruptura con la desmesura y las pretensiones de la economía política. Hay que renuciar a la concepción de una ciencia económica como disciplina independiente formalizada. Y hay que recurrir al don y al regalo en el camino hacia el descrecimiento. Estimo que nuestras reuniones de descrecimiento en Mexico deberían permitir un mayor ejercicio del espíritu del don y de la hospitalidad. Los socialistas nos han dejado en muchas partes del mundo una gran herencia en las comunidades: su sentido de la solidaridad. En esta parte del mundo en la que el lujo y la opulencia satura el ambiente, las viejas comunidades saben resistir a los engaños de la productividad y el consumismo y llevar una vida simple, con bienes relacionales: la generosidad, la buena vecindad y la amistad; en una ciudad que ya tenia capitalismo y Libre Comercio hace cerca de mil años existe una vieja cultura que controla los excesos que fomenta la economia .  Saludos desde el antiquisimo barrio de San Barnabas, Venecia.

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