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lunes, 13 de diciembre de 2021

 

Penalizar al viajero frecuente de la aviación: la mejor respuesta al NAIM

18 de octubre de 2018

Miguel Valencia Mulkay

Apoyar el aumento de la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México, como lo pretenden quienes proponen la construcción del NAIM de Texcoco o de Santa Lucía, constituye una gran insensatez, un enorme desconocimiento de las amenazas que enfrenta la aviación y una gran ceguera de lo que sucede en el mundo. La entrada en la era del petróleo no convencional o final de la era del petróleo convencional entraña una enorme incertidumbre para la aviación, por su enorme dependencia del precio del petróleo, y ahora, del hambre en el mundo, por el excesivo impacto que tiene la producción de los biocombustibles de la aviación en la alimentación humana.

Es muy alta la probabilidad de que se presente uno o varios shocks petroleros en los próximos 30 años, el petróleo puede fácilmente regresar pronto a los 155 dólares el barril, como lo estuvo en 2008, meses antes de que explotara la gran crisis financiera, con la quiebra de Lehman Brothers en Wall Street, o puede irse más arriba, por las nuevas tensiones geopolíticas que pueden llevar a nuevas formas de guerra (Rusia-China-Irán-Venezuela), el no resuelto colapso de la finanza y la economía mundial, que puede llevar a grandes recesiones, así como por el rechazo creciente en el mundo a la extracción de gas y petróleo no convencional (fracking y aguas profundas) y su estafa financiera. Es enorme la incertidumbre sobre el futuro de la política y la economía mundial.

Si bien el muy previsible encarecimiento extremo del petróleo puede frenar bastante el crecimiento de la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México, también lo puede hacer el clamor mundial contra la quema de combustibles fósiles (petróleo), por el excesivo deterioro del clima de la Tierra, reflejado en el sostenido aumento de la fuerza destructiva de los eventos climáticos extremos (huracanes, tormentas, sequías, olas de calor, incendios forestales, tornados) y de la desaparición de glaciares, muerte de los corales y aumento de la acidificación de los mares.

El reciente informe científico del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) es particularmente enfático en sus recomendaciones: es urgente reducir drásticamente la quema de petróleo (80% en los próximos 30 años); se acaba el tiempo para salvar los corales, la vida en los mares, la agricultura, y la permanencia de los seres humanos sobre la Tierra. El calentamiento global avanza a gran velocidad y no pasarán muchos años en que será necesario reducir radicalmente el uso del avión, el auto y el transporte en general, por su muy alto impacto en el clima de la Tierra.    

Las emisiones de gases que dañan el clima de la aviación se han disparado mucho en los últimos años, por la negativa de los gobiernos a someterlas a penalizaciones mínimas. Las cumbres del clima virtualmente las ignoran, por lo que se han convertido en las emisiones que más rápido crecen en el mundo. Estos gases, por ser emitidos a gran altura atmosférica, tienen un efecto destructivo mucho mayor, estimado en 2.7 veces (RFI-Radiative Forcing Index) Ahora representan al 18 % de las emisiones mundiales.  

La fijación de severas restricciones a la aviación era obligada hace ya algunas décadas, sin embargo, los grandes intereses económicos y políticos han hecho todo lo posible para evitarlo: dependen de la aviación para sobrevivir, la empresa globalizadora se sostiene en ella, las alianzas internacionales dan fuerza a los políticos y los empresarios dependientes de este entorno. Aunque, los últimos hechos mayores nacionales e internacionales modifican estos supuestos.

Quienes firman los acuerdos mundiales del clima, la ecología, el medio ambiente; quienes aprueban, construyen, asesoran, apoyan, la construcción de nuevos aeropuertos son “viajeros frecuentes” de la aviación, adictos a los viajes en avión, con grandes conflictos de interés, por lo que realizan intensas campañas de desinformación que van desde afirmar vehementemente que el bienestar del país depende mucho de la inversión extranjera, el  comercio exterior, las recomendaciones del FMI, el Banco Mundial, la OCDE, el turismo, la aviación, hasta defender falsas soluciones climáticas y energéticas, como el “offsetting” (compensaciones de emisiones, muy utilizados por la tramposa ICAO u OACI-Organización de Aviación Civil Internacional), los biocombustibles, el fracking y las nuevas tecnologías para reducir el consumo de petróleo.   

El viaje en avión simboliza el mayor desprecio personal por el clima de la Tierra, la Naturaleza, la Ecología y el Medio Ambiente, no sólo porque implica el mayor consumo de petróleo por kilómetro-pasajero- cuatro o cinco veces arriba del autobús o el ferrocarril-, sino porque contribuye mucho a impulsar el crecimiento en el uso de los transportes que más se le parecen en capacidad depredadora: las camionetas SUV, los trenes de alta velocidad, los tráileres, los grandes cargueros. 

Los viajes en avión apoyan el crecimiento de las actividades económicas más nocivas del mundo, como lo son el transporte y el turismo, así como los deplorables estilos de vida ligados a estos servicios: fabrican fuertes actitudes antiecológicas y antisociales y aniquilan rápidamente la conciencia climática, ecológica, cultural, social, de los niños y los jóvenes.

Por su inmenso poder destructivo, es muy irresponsable apoyar el crecimiento de la aviación del país, por medio de mayores facilidades para su operación, como lo son los financiamientos a largo plazo con bajos tipos de interés, para construir nuevos aeropuertos o los grandes subsidios en los que se sustenta la aviación (cero impuestos energéticos, climáticos, administrativos), entre otros. Hace más de 30 años, la Cuenca de México fue declarada “Zona de Desastre Ecológico Mundial”, una de las diez zonas más deterioradas de la Tierra, de acuerdo a científicos que entonces observaban territorios vía satélite. Ni la Cuenca ni la Ciudad de México pueden resistir un proyecto de tan descomunal impacto ecológico, ambiental, urbano, cultural, social, económico y político como lo es el NAIM.

La mejor respuesta a la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México y del país consiste en penalizar al “viajero frecuente”, responsable principal de su crecimiento y de la aniquilación de la conciencia climática, ecológica, cultural y social de los niños y los jóvenes. 

Cualquier persona que registre más de 6 vuelos al año en el país (entrada o salida) debe ser considerado “viajero frecuente” y debería cubrir un impuesto de 20% adicional en su boleto siguiente y cada vez que duplique este número de vuelos se deberá duplicar la tasa de impuesto; por ejemplo: del vuelo 13 al vuelo 24, (típicos de gerentes y jefes de departamento de empresas) pagaría 40% de impuesto; del  vuelo 25 al vuelo 48 (típicos de ejecutivos federales y transnacionales) pagaría 80% de impuesto, por su boleto de avión; del vuelo 49 al vuelo 98 (típicos de presidentes y secretarios de gobierno y altos ejecutivos de corporativos) pagaría 160% de impuesto. 

Con este impuesto gana la sociedad y sería innecesario construir nuevos aeropuertos. El viajero frecuente, una pequeñísima minoría, es el gran promotor del NAIM.  

 Penalizar al viajero frecuente de la aviación: la mejor respuesta al NAIM

 

 

 

domingo, 2 de mayo de 2021

Catastrofico, el crecimiento de la aviación comercial- recuperación 2016

 

Catastrófico, el crecimiento de la aviación comercial- Primera parte

14 de junio de 2016

Por su gran tamaño, la aviación comercial hace un daño excesivo al clima y a la ecología de los territorios donde despega y aterriza.  A pesar de sus altas tasas medias de ocupación, el avión es el máximo consumidor de energía por kilometro pasajero, 5.7 Kilos Equivalentes de Petróleo, KEP por 100 unidades de transporte( viajeros-Km), un poco arriba de las camionetas SUV(Sport Utility Vehicle) y un 12 % arriba del Tren de Alta Velocidad que son los medios de transporte que más dañan el clima y el medio ambiente: consumen entre 4 y 5 veces más energía (petróleo)  por km-pasajero que los transportes terrestres tradicionales, como el autobús, el ferrocarril, el tren suburbano, que por otro lado, se vuelven ineficientes por la menor ocupación que sufren debido a los subsidios a los primeros[1].

Por su consumo energético, el uso del avión es la actividad comercial en la que una persona puede perjudicar más el clima y la ecología de la Tierra; su crecimiento resulta catastrófico. Viajar en avión es un privilegio que muy pocas personas se pueden permitir: sólo el 2% de la población mundial participa activamente en el tráfico aéreo[2]. Las mejoras tecnológicas de la aviación comercial, en la reducción del consumo de energía y producción de emisiones, tienen el efecto perverso de aumentar el uso del avión, eliminando así rápidamente cualquier ganancia en la reducción del daño climático y ambiental. El precio mundial de los combustibles fósiles determina mucho su crecimiento, por lo que crece y decrece con relativa rapidez.  Los agrocombustibles, la gran solución del daño al clima aportada por la industria, han confirmado ya que más bien lo dañan y están a punto de ser descartados por la UE y la empresa Lufthansa.

De acuerdo a la industria misma (Airbus- Oneair-España-Crecimiento Mundial de la Aviación Comercial 2014-2034), la aviación comercial mundial tiene un crecimiento exponencial: duplicará sus operaciones en 15 años, con un crecimiento promedio del 4.6% anual; en 20 años habrá crecido 145%; Latinoamérica crecerá al 5.2%; en México crecerá 4.1% promedio hasta el 2020. Sin embargo, según la misma fuente, el transporte aéreo entre mega ciudades- la Ciudad de México es una de ellas- crecerá cuatro veces en los próximos 20 años; el 77% del transporte aéreo a larga distancia se realizará entre mega ciudades; la región Asia-Pacifico tendrá un crecimiento aun mayor que el resto del mundo.  El turismo es un factor central en el crecimiento exponencial de la aviación. Entre 2010 y 2013 aumentó 21% el tráfico global de pasajeros sumando 3.1 mil millones de pasajeros[3]. La aviación comercial y el turismo, actividades que por sí mismas son muy intensivas en la producción de emisiones, reciben subvenciones muy importantes de los gobiernos: el combustible de los aviones está exento de impuestos energéticos y no se aplica ningún impuesto de valor añadido a los vuelos internacionales[4].  

La aviación comercial es considerada la fuente de mayor crecimiento en cuanto a emisiones climáticas perjudiciales. Entre 1990 y 2006 se duplicaron estas emisiones convirtiéndose en el séptimo contaminante mayor, desproporcionadamente grande dado que es producido por el 2% de la población mundial. Hasta el final del milenio tuvo la habilidad de disimular su impacto climático y ambiental, no obstante, es todavía uno de los pocos sectores mundiales que aun no tiene objetivos en la reducción de emisiones que dañan el clima.  Bajo este esquema sus emisiones podrían aumentar 700% hacia 2050. En 2007, el muy asediado, por los empresarios, IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático), calcula entre 2 y 8% la cuota correspondiente de calentamiento climático de la aviación comercial, pero, científicos más críticos encabezados por David Lee, parten de una base hasta el 14%. Como las emisiones en el transporte aéreo son expulsadas en grandes alturas atmosféricas, sus efectos climáticos son particularmente graves[5]

Las organizaciones mundiales de aviación y turismo sólo quieren hablar de CO2 y hacen todo lo posible por ignorar el Factor RFI de la aviación: Aparte del CO2, en los vuelos a gran altura se emiten sustancias dañinas adicionales, como el óxido de nitrógeno y partículas de hollín, además de vapor de agua, los cuales a esas alturas contribuyen a un calentamiento adicional de la atmosfera. El vapor de agua y las partículas de hollín liberadas forman estelas de condensación y cirros que vuelven a reflejar la radiación de calor de la superficie terrestre, y así refuerzan el efecto de invernadero. Hoy en día, gran parte de los cirros se debe a los aviones. Por esta razón, la relevancia climática de las emisiones resultantes del tráfico aéreo se distinguen  claramente de las emisiones a nivel de tierra; es decir, por un factor medio del 2.7. El llamado índice de forzamiento radiativo (Radiative forcing Index, RFI) describe la relación del potencial de calentamiento de todas las emisiones versus el potencial de calentamiento del CO2 por sí solo[6]. La aviación comercial es responsable del 65% de las emisiones que produce el turismo, una actividad que por sí misma es muy intensiva en la producción de emisiones: hacia 2035 aumentarán sus emisiones en 150%. El año 1990 es la base que menciona el IPCC, para establecer los objetivos necesarios en la reducción de emisiones, sin embargo, la mayoría de las instituciones relacionadas con la transportación aérea y el turismo refieren al año 2005 como base; así en cifras absolutas las reducciones se hacen bastante más pequeñas[7]. 

Como los políticos, los grandes empresarios y  los científicos que participan en las negociaciones de las cumbres del clima son “viajeros frecuentes” internacionales, no debe sorprendernos la gran anomalía que representa la falta total de acciones ante el crecimiento exponencial de las emisiones que dañan el clima de la Tierra de la aviación comercial.  Tampoco debe sorprender  la desvergüenza de la IATA y la ICAO (International  Civil Aviation Organization) que proponen estrategias de “crecer y reducir”  y que pretenden adoptar en septiembre próximo- en el 39 Encuentro de la ICAO,  el offsetting (compensación) del carbón, para lograr “el crecimiento carbón-neutro”. El offsetting es un truco político-empresarial que traslada emisiones a otra parte, pero, no las reduce, es un juego suma cero, para engañar a la opinión pública. Los proyectos  de offsetting no respetan ningún principio según lo demuestra la experiencia.

En la Segunda parte analizaremos otros daños que provoca la aviación comercial.          

 Miguel Valencia Mulkay 

 



[1] Hacia la reconversión ecológica del transporte en España, Estevan y Sanz, Centro de Investigación para la Paz. 

[2] Aumentar la sensación de urgencia, Reflexiones sobre el turismo y el cambio climático. Brot fur die welt (Pan para el mundo- Servicio Protestante para el Desarrollo) Alemania. 

[3] Ibídem

[4] Ibídem

[5] Ibidem

[6] Ibídem

[7] Ibidem

 

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