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lunes, 13 de diciembre de 2021


¡TODOS SOMOS EXPERTOS EN AEROPUERTOS ¡

Miguel Valencia Mulkay

23 de agosto de 2018

En los 70, cuando la soberanía científica había sido invocada varias veces por el gobierno de Francia, para justificar la construcción de centrales nucleares, los ecologistas de ese país reaccionaron afirmando “Todos somos especialistas en centrales nucleares”. Para ellos, la competencia y la buena fe del científico y el experto no podía sustituir la voluntad y la libertad de elección del ciudadano sobre aquello que pudiera poner en riesgo sus vidas, su salud, los bienes comunes y el futuro de las nuevas generaciones.

Los hechos les han dado la razón:  la energía nuclear, las manipulaciones genéticas, los agroquímicos (pesticidas y fertilizantes), entre otras tecnologías fieramente defendidas por famosos científicos y sedicientes expertos al gusto de políticos y empresarios, han resultado catastróficas.

El experto, el que “sabe” y saca un poder de su saber manteniéndolo a menudo en un hermetismo aureolado de sacralidad está ligado a imperativos políticos y económicos inconfesables. Grandes sacerdotes de la física, la química, la ingeniería, la medicina, la arquitectura, el urbanismo, han sido responsables centrales del desastre climático, ecológico, hídrico, alimentario, urbano, cultural, social, económico y político del mundo.

Fruncen el ceño, levantan las cejas los banqueros, los grandes empresarios y muchos destacados profesionistas, comunicadores y expertos al servicio del gran capital ante la propuesta de consultar a la ciudadanía sobre la sabiduría que hay detrás del proyecto de nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco o la opción de Santa Lucia en Zumpango u otras combinaciones que se presenten (López Obrador).

¿Qué saben los habitantes de la Cuenca del Valle de México de las consecuencias ambientales, energéticas, urbanísticas, demográficas, económicas, financieras de la desecación del Lago de Texcoco o de la desaparición del Lago Nabor Carillo o de las tormentas e inundaciones atípicas o extremas, la desertización, el aumento en la temperatura promedio, la caída histórica en la precipitación pluvial en este territorio?

¿Qué saben de los efectos de la pavimentación de más de 15,000 hectáreas del Lago de Texcoco y sus zonas aledañas en los próximos años o de la contaminación generada al despegar y al aterrizar en el lago de Texcoco, a más de 2,000 m sobre el nivel del mar, por cuatro veces más aviones de los que hoy lo hacen?

 ¿Qué saben los ciudadanos de la alteración del clima de la Tierra realizada por una persona que al viajar en avión favorece el rápido aumento de los viajes por ese medio? La aviación crece exponencialmente.    

Según estos “expertos en ingeniería”, esta consulta a la ciudadanía es una ofensa a los expertos que elaboraron las manifestaciones de impacto ambiental, urbano, social y cultural del proyecto del NAICM en el lago de Texcoco. ¡La SEMARNAT es famosa por el rigor de sus dictámenes en defensa de la biodiversidad, el agua, los cielos y las atmosferas limpias!

¿Qué saben los ciudadanos que residen en la Cuenca del Valle de México de la concentración de población, la urbanización que puede provocar a su alrededor un aeropuerto que pretende ser el tercer aeropuerto más grande del mundo (¿nuevas ciudades en esta Cuenca?), o de megaproyectos construidos cerca de sus viviendas, o de la falta de agua, la pérdida de tiempo, el transporte urbano, la contaminación del aire, el ruido, la inseguridad en este territorio?

¿Qué saben los ciudadanos mexicanos de obras inútiles, mal hechas, mal localizadas, abandonadas por incosteables, elefantes blancos, socavones, y de obras realizadas durante el gobierno de Peña Nieto y la SCT de Ruiz Esparza?

“A vosotros vasallos os toca callar y obedecer” ha sido la consigna de los ingenieros y urbanistas al servicio de gobiernos mexicanos hasta los gobiernos de Peña Nieto y Mancera. Las constructoras extranjeras, especialmente las españolas, han venido a reforzar esta arrogancia de corruptos en las últimas décadas. 

 La cultura democrática ha sido muy precaria en nuestro muy colonizado país. Muchos activistas contra megaproyectos han sido encarcelados y hasta asesinados. 

En los últimos 50 años, los políticos y sus expertos han actuado como si tuvieran un mandato absoluto, supieran por ciencia infusa lo que es de “utilidad pública” o de “beneficio o interés colectivo”; como si los votos comprados y fraudulentos o no que les permitieron ganar elecciones les dieran legitimidad para imponer absurdas obras de ingeniería que le han costado muy caras a la Nación.

Han creído que los vecinos de una obra deben sacrificarse por el desarrollo, el progreso y la modernización, conceptos elaborados por los banqueros de los países ricos y poderosos (Banco Mundial, FMI, BID, OCDE), cuando ellos no sacrifican ni un peso ni un minuto de su tiempo por el país: roban, despojan y cobran escandalosas sumas de dinero y reciben descomunales prestaciones; creen que los indígenas y campesinos y otros vecinos de sus inútiles y corruptos proyectos, son muebles y equipos que se pueden mover y acomodar en otro territorio sin consecuencias catastróficas para los territorios y el país y la Tierra.

Tenemos más de 5,000 conflictos socio ambientales debido a las obras realizadas sin consulta a los vecinos. Muchos vecinos de la Ciudad de México están indignados por las obras de Mancera y Ebrard. 

Gracias a los expertos “a modo” que han utilizado los gobiernos mexicanos, (ingenieros machistas que quieren conquistar y dominar a la “naturaleza salvaje”, a los ríos, lagos, montañas, selvas, bosques, suelos, humedales, climas; bufetes de ingeniería al servicio de las ideologías de la banca y los intereses económicos de grandes corporaciones) el país está en la ruina ecológica, social, cultural y económica.

En México han sido muy negociables las dignidades de ingenieros, arquitectos, abogados, físicos, químicos, médicos, contadores, ambientalistas, y otros expertos: estamos llenos de prestigios muy inflados.

Los gobiernos hipercorruptos contratan expertos de la misma calaña. No merecen credibilidad alguna los expertos que seleccionaron el Lago de Texcoco para construir el NAICM: fueron contratados por el gobierno de Peña Nieto, para hacerlo en ese lugar.

La intervención de la OCDE en este asunto hace más repugnante el proyecto de NAICM.

Hablamos de democracia cuando los posibles afectados por las decisiones, los ciudadanos, toman las decisiones. Mandar Obedeciendo, como lo exigen los zapatistas.

En una época de tecnología y economía desquiciadas, no basta la elección de representantes populares, es indispensable exigir la consulta de cualquier proyecto que ponga en riesgo las bases de la vida en el territorio: lagos, suelos, ríos, acuíferos, bosques, selvas, biodiversidad, humedales, glaciares, el clima de la Tierra, las culturas originarias, la Vía campesina, las tradiciones, los vestigios arqueológicos, los monumentos históricos, entre otros aspectos.

El proyecto de Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México debe ser consultado a los indígenas, campesinos, trabajadores y vecinos del Lago de Texcoco, a los habitantes de la Cuenca del Valle de México, a los profesionistas, académicos, investigadores de México y de países tropicales que tengan conflictos por la desecación de lagos, la construcción de aeropuertos y las alteraciones del clima de la Tierra.  ¡No al NAICM!   

¡TODOS SOMOS EXPERTOS EN AEROPUERTOS ¡

 

 

 

 

 

 

Trampas en la consulta del proyecto de NAICM

20 de septiembre de 2018

Miguel Valencia Mulkay de ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México    

Con mucha frecuencia los gobiernos mexicanos han realizado falsas consultas populares, especialmente cuando se ha tratado de consultar a pueblos indígenas, campesinos y vecinos de pueblos, ejidos, barrios y colonias, sobre asuntos trascendentes, de vida o muerte, como lo es el impacto socio ambiental o cultural de megaproyectos.

Los responsables de organizar estas consultas normalmente detestan escuchar, conocer, explicar, argumentar o debatir sobre temas culturales, climáticos, ecológicos, ambientales y sociales que son muy ajenos a la religión de la economía y el poder que han jurado defender con su vida.

Viven en la fantasía y la quimera: prefieren hablar de la gran ingeniería y la maravillosa arquitectura del proyecto, sus enormes beneficios económicos, el apoyo a la competitividad y la urgente necesidad de infraestructura en el rubro. Funcionan como solapados vendedores del proyecto; habitualmente utilizan los mismos argumentos que han servido por muchos años para justificar las obras que han llevado al país a la ruina ecológica, cultural y económica.   

De tal manera los gobiernos han estado empecinados en sus proyectos que han hecho toda clase de maniobras para simular que hacen una consulta.  La Semarnat y la Seduvi pueden dar cátedra en artimañas y marrullerías en asuntos de consultas de ese tipo.

La consulta de la Semarnat sobre el impacto del NAICM fue realizada en Ecatepec, en 2014, de manera semiclandestina. Por otra parte, los institutos electorales han resultado muy poco confiables en las consultas de proyectos que afectan a localidades, por su gran dependencia de los partidos que los eligen y su poco conocimiento de los sufrimientos de las comunidades.

En estos días López Obrador nos da tantas sorpresas desagradables que no es descartable que sus representantes incurran en las mismas prácticas. El Tren Maya nos hace recordar su inveterada debilidad por los megaproyectos (recordar el Segundo Piso en el Viaducto y Periférico).

Hacer preguntas ambiguas o capciosas es un ardid muy socorrido en las consultas públicas mexicanas; también lo es promover un intenso debate sobre la ingeniería, el financiamiento y el impacto del proyecto, en el empleo y la economía regional y nacional, con el fin de evitar la discusión sobre sus aspectos siniestros, como la muerte de los equilibrios hídricos y ecológicos de la Cuenca o de la economía campesina o de los cientos de miles de personas, a lo largo de varias décadas, a causa de las consecuencias ecológicas, climáticas, culturales, sociales, urbanísticas, económicas y políticas de su construcción.

El exceso de información de ciertos aspectos de un proyecto produce desinformación en los enfoques que se quieren ocultar. No puede ser aceptada una consulta que se realiza ocultando o minimizando información sobre los ángulos de alto riesgo, funestos o catastróficos del proyecto.

 Tampoco puede ser aceptada una consulta en la que sólo han debatido en TV y radio tendenciosos y sedicentes expertos al servicio de grandes empresarios y políticos y no se escuchan las voces frente al megaproyecto NAICM, de los artistas, los defensores de los lagos, las aves, los bosques, el agua, el suelo y el aire limpio, la biodiversidad, el clima, las culturas, las reservas de petróleo, la minimización del transporte aéreo y urbano, los vestigios arqueológicos, la Cuenca de México, la historia, la geografía, la filosofía, entre otros.    

Sobre todo, sería inaceptable una consulta sobre NAICM que no reconociera las conclusiones de las asambleas autónomas comunitarias, municipales, regionales o de cuenca, convocadas por organizaciones no partidistas de la Cuenca de México.

Sólo la discusión cara a cara de los vecinos de pueblos, ejidos, barrios o colonias más directamente afectados de esta cuenca puede generar una decisión popular legítima sobre este megaproyecto. En una fecha tan cercana a su realización, no está claro el procedimiento de la consulta de AMLO sobre el NAICM. La votación con voto secreto puede ser otra trampa.

Independientemente de la organización de la consulta, el megaproyecto NAICM constituye un atentado contra la cultura, el clima, la ecología, el medio ambiente, la salud, el Buen Vivir, el tejido social, la economía y la política regional de la Cuenca de México. Es producto de la insensibilidad, incultura, cerrazón de pensamiento, y barbarie economicista que han creado en México sus gobernantes y sus grandes empresarios, por medio de las escuelas, las universidades, los medios masivos de comunicación y los modos de vida hipertecnificados de los últimos 30 años.

Sólo una sociedad desquiciada puede pavimentar un lago que es fundamental para la conservación de sus escasas buenas costumbres (valores, cultura) climáticas y ecológicas y fomentar aquello que degrada su vida presente y futura: el transporte, una de las actividades más nocivas del mundo.

La construcción del NAICM, implica tirar a la basura cualquier discurso gubernamental y universitario sobre la defensa del clima, la ecología y el medio ambiente.

Las universidades mexicanas necesitan demostrar que la defensa del clima y la ecología está por encima de la siniestra economía. López Obrador hará una historia atroz o gloriosa, con su decisión sobre el NAICM.   

Trampas en la consulta del proyecto de NAICM

 

   

 

Queremos ser consultados, la gran mayoría de los mexicanos

 

12 de noviembre de 2018

 

Miguel Valencia Mulkay   

 

Las encuestas realizadas poco antes de la consulta del NAIM de Texcoco revelaron la voluntad de la gran mayoría de los mexicanos de ser consultados en los asuntos de gran importancia. Un nuevo dato de la mayor importancia para la protección de los pueblos, los ejidos, los barrios y las colonias, así como, para la protección de las culturas, la ecología, el medio ambiente y la democratización del país. Ha cambiado la actitud de la sociedad mexicana frente a los proyectos gubernamentales.

 

Cada día se cree menos en la bondad de los proyectos de desarrollo impulsados por los gobiernos mexicanos y se toma mayor conciencia de las catástrofes ecológicas, culturales, sociales y económicas producidas por los proyectos de desarrollo de los pasados gobiernos (presas, aeropuertos, supercarreteras, trasvases, puertos, trasvases, desarrollos turísticos, confinamientos de residuos tóxicos y peligrosos, rellenos sanitarios, entre otros) que desde luego fueron apoyados en los estudios y recomendaciones de grandes expertos nacionales (Facultad de Ingeniería de la UNAM,  entre otras) e internacionales (MIT, bufetes de ingeniería, entre otras)

 

Ciertamente, la corrupción rampante de los gobiernos priistas y panistas tuvo que ver en la producción de estas catástrofes, no obstante, la presión para realizarlos de los grandes empresarios mexicanos y de gobiernos poderosos y sus banqueros (Banco Mundial y otros), han tenido que ver mucho con ellas. Las escuelas y los medios de México han preparado desde hace muchos años las mentalidades que han facilitado la construcción de estos proyectos devastadores y la emergencia de estas catástrofes.

 

Los gobiernos mexicanos, apoyados por los grandes empresarios,  no han querido consultar jamás a los directamente afectados por los proyectos que han querido construir porque han sabido que implican muerte y enfermedad para los vecinos de la obra, destrucción de la economía local, expulsión de los indígenas, campesinos o vecinos pobres de la cercanía; migraciones, desarraigo, grandes extracciones y contaminaciones, ruina de la biodiversidad de la región y sobre todo, que las consultas hacen evidente que se construyen principalmente para que hagan grandes negocios los bancos, los grandes empresarios y los funcionarios públicos que los aprueban; transparentan la corrupción que entrañan.

 

Con el fin de impedir la realización de verdaderas consultas sobre los asuntos de gran importancia, los gobiernos mexicanos han perfeccionado las falsas consultas que realizan entidades como la SEMARNAT y la SEDUVI en la Ciudad de México- la consulta del NAIM de 2014 en Ecatepec, con estudio de impacto ambiental hecho a la medida de los inversionistas, es un gran ejemplo-, y la legislación chatarra sobre consultas que las hacen virtualmente imposibles de realizar en nuestro país cuando son tan frecuentes en los países poderosos.

 

A estas trampas legales y legaloides, han añadido habitualmente una copiosa inversión en publicidad y relaciones públicas, para convencer a los ciudadanos de la bondad de sus monstruosos proyectos.

 

La convocatoria de López Obrador a participar en una consulta del NAIM, basada en el conocimiento  que ahora tiene de la voluntad de ser consultados de la mayor parte de los mexicanos en los asuntos de gran importancia y de la debilidad de su posición frente a la embestida empresarial a favor del NAIM, tuvo como efecto desatar un intenso debate en los medios y las redes sociales sobre los pros y los contras de este proyecto, algo natural en cualquier consulta  gubernamental con buenas bases que hizo que millones de personas entendieran mejor los argumentos de las partes y sus debilidades y que se fortalecieran temas, como el ecológico y el social que permanecían ignorados para la mayoría.

 

Como nunca antes, la sociedad mexicana empezó a entender en poco tiempo el impacto socioambiental del NAIM y de los aeropuertos, la aviación, el transporte, la economía de crecimiento, entre otros muchos aspectos. Sin embargo, la consulta misma fue atacada implacablemente por los grandes empresarios y los profesionistas a su servicio con los argumentos menos legítimos: signos de debilidad que anticiparon los resultados.                       

 

La logística de la consulta del NAIM fue encargada a Enrique Calderón Alzati, presidente de la Fundación Arturo Rosenblueth, viejo conocido nuestro: en los 80-90 fue el vocero principal del Movimiento Bicicletero, aliado nuestro en diversos temas ecológicos y urbanísticos(Declaraciones ecologistas sobre la Cuenca de México)  y que organizó la logística del famoso Primer Plebiscito  Ciudadano sobre el gobierno del DF del 21 de marzo de 1993, convocado por varios asambleístas (Demetrio Sodi, Alejandro Rojas, Amalia García, entre otros)   que tuvo grandes consecuencias para esta entidad y que nuestro grupo ecologista propuso y ayudó a realizar: en las mesas para la presentación de propuestas convocadas por Manuel Camacho Solís a finales de 1992, fuimos los primeros en proponer una consulta o plebiscito para democratizar el DF.

 

Ver nota periodística adjunta. Calderón Alzati tiene mucho prestigio en la organización de consultas ciudadanas. Las preguntas de la consulta no dieron cabida a la opinión de quienes no queremos el NAIM, ni nuevas pistas de aviación en Santa Lucía y en México.  

 

La consulta sobre el NAIM fue bien recibida por más de un millón de personas que con muy poca información al respecto acudieron a votar y que después de haber votado no encontraron un motivo relevante para rechazar su validez.

 

En Nuevo León, el Tecnológico pudo votar masivamente en Monterrey y fue el único estado donde la mayoría votó a favor de la opción de Texcoco (Abraham Nuncio, La Jornada, 8 de noviembre)

 

Ciertamente, fueron evidentes muchos defectos de esta improvisada consulta, comprensibles debido a los escasos recursos con los que se realizó y el poco tiempo que se dedicó a su preparación- López Obrador no tenía mucho tiempo que perder ante la aceleración de los trabajos en el NAIM-, sin embargo, fue un evento radicalmente diferente a las falsas consultas legales o las consultas legales imposibles de realizarse o la falta de consultas que acostumbran los gobiernos mexicanos, con relación a los megaproyectos: en este caso, hubo voluntad de consultar un asunto de gran importancia para la ecología y la matriz del agua de la Cuenca de México y para la formación de valores ecológicos de los niños y jóvenes de México.

 

El resultado de la consulta fue una victoria para quienes luchamos desde hace muchos años contra la construcción de un aeropuerto en el Lago de Texcoco y otros megaproyectos en la Cuenca de México y en el país.

 

El rechazo a la pavimentación del Lago de Texcoco, con la consecuente pérdida del Lago Nabor Carrillo, la expulsión de más de 300,000 aves, la urbanización de las zonas de cultivo y la destrucción de la matriz del agua de la Cuenca tuvo un gran peso en el resultado de la consulta (el espíritu del Lago de Texcoco)

 

La voluntad de ser consultados, de los vecinos de los pueblos, ejidos, barrios y colonias, genera la voluntad de los gobernantes de consultar a los afectados por los proyectos y produce los necesarios debates que permiten descubrir la corrupción, los riesgos y los mitos, las creencias o ideologías que ocultan los proyectos y finalmente, construir buenas decisiones sobre cómo rescatar las bases de la vida (la ecología).

 

La emergente voluntad de ser consultados de la mayoría de los mexicanos debe llevarnos a la voluntad de organizar consultas en nuestras comunidades sin la participación de los gobiernos y los partidos, para hacer la Gran Transformación de México.  

 

Queremos ser consultados, la gran mayoría de los mexicanos

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

Penalizar al viajero frecuente de la aviación: la mejor respuesta al NAIM

18 de octubre de 2018

Miguel Valencia Mulkay

Apoyar el aumento de la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México, como lo pretenden quienes proponen la construcción del NAIM de Texcoco o de Santa Lucía, constituye una gran insensatez, un enorme desconocimiento de las amenazas que enfrenta la aviación y una gran ceguera de lo que sucede en el mundo. La entrada en la era del petróleo no convencional o final de la era del petróleo convencional entraña una enorme incertidumbre para la aviación, por su enorme dependencia del precio del petróleo, y ahora, del hambre en el mundo, por el excesivo impacto que tiene la producción de los biocombustibles de la aviación en la alimentación humana.

Es muy alta la probabilidad de que se presente uno o varios shocks petroleros en los próximos 30 años, el petróleo puede fácilmente regresar pronto a los 155 dólares el barril, como lo estuvo en 2008, meses antes de que explotara la gran crisis financiera, con la quiebra de Lehman Brothers en Wall Street, o puede irse más arriba, por las nuevas tensiones geopolíticas que pueden llevar a nuevas formas de guerra (Rusia-China-Irán-Venezuela), el no resuelto colapso de la finanza y la economía mundial, que puede llevar a grandes recesiones, así como por el rechazo creciente en el mundo a la extracción de gas y petróleo no convencional (fracking y aguas profundas) y su estafa financiera. Es enorme la incertidumbre sobre el futuro de la política y la economía mundial.

Si bien el muy previsible encarecimiento extremo del petróleo puede frenar bastante el crecimiento de la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México, también lo puede hacer el clamor mundial contra la quema de combustibles fósiles (petróleo), por el excesivo deterioro del clima de la Tierra, reflejado en el sostenido aumento de la fuerza destructiva de los eventos climáticos extremos (huracanes, tormentas, sequías, olas de calor, incendios forestales, tornados) y de la desaparición de glaciares, muerte de los corales y aumento de la acidificación de los mares.

El reciente informe científico del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) es particularmente enfático en sus recomendaciones: es urgente reducir drásticamente la quema de petróleo (80% en los próximos 30 años); se acaba el tiempo para salvar los corales, la vida en los mares, la agricultura, y la permanencia de los seres humanos sobre la Tierra. El calentamiento global avanza a gran velocidad y no pasarán muchos años en que será necesario reducir radicalmente el uso del avión, el auto y el transporte en general, por su muy alto impacto en el clima de la Tierra.    

Las emisiones de gases que dañan el clima de la aviación se han disparado mucho en los últimos años, por la negativa de los gobiernos a someterlas a penalizaciones mínimas. Las cumbres del clima virtualmente las ignoran, por lo que se han convertido en las emisiones que más rápido crecen en el mundo. Estos gases, por ser emitidos a gran altura atmosférica, tienen un efecto destructivo mucho mayor, estimado en 2.7 veces (RFI-Radiative Forcing Index) Ahora representan al 18 % de las emisiones mundiales.  

La fijación de severas restricciones a la aviación era obligada hace ya algunas décadas, sin embargo, los grandes intereses económicos y políticos han hecho todo lo posible para evitarlo: dependen de la aviación para sobrevivir, la empresa globalizadora se sostiene en ella, las alianzas internacionales dan fuerza a los políticos y los empresarios dependientes de este entorno. Aunque, los últimos hechos mayores nacionales e internacionales modifican estos supuestos.

Quienes firman los acuerdos mundiales del clima, la ecología, el medio ambiente; quienes aprueban, construyen, asesoran, apoyan, la construcción de nuevos aeropuertos son “viajeros frecuentes” de la aviación, adictos a los viajes en avión, con grandes conflictos de interés, por lo que realizan intensas campañas de desinformación que van desde afirmar vehementemente que el bienestar del país depende mucho de la inversión extranjera, el  comercio exterior, las recomendaciones del FMI, el Banco Mundial, la OCDE, el turismo, la aviación, hasta defender falsas soluciones climáticas y energéticas, como el “offsetting” (compensaciones de emisiones, muy utilizados por la tramposa ICAO u OACI-Organización de Aviación Civil Internacional), los biocombustibles, el fracking y las nuevas tecnologías para reducir el consumo de petróleo.   

El viaje en avión simboliza el mayor desprecio personal por el clima de la Tierra, la Naturaleza, la Ecología y el Medio Ambiente, no sólo porque implica el mayor consumo de petróleo por kilómetro-pasajero- cuatro o cinco veces arriba del autobús o el ferrocarril-, sino porque contribuye mucho a impulsar el crecimiento en el uso de los transportes que más se le parecen en capacidad depredadora: las camionetas SUV, los trenes de alta velocidad, los tráileres, los grandes cargueros. 

Los viajes en avión apoyan el crecimiento de las actividades económicas más nocivas del mundo, como lo son el transporte y el turismo, así como los deplorables estilos de vida ligados a estos servicios: fabrican fuertes actitudes antiecológicas y antisociales y aniquilan rápidamente la conciencia climática, ecológica, cultural, social, de los niños y los jóvenes.

Por su inmenso poder destructivo, es muy irresponsable apoyar el crecimiento de la aviación del país, por medio de mayores facilidades para su operación, como lo son los financiamientos a largo plazo con bajos tipos de interés, para construir nuevos aeropuertos o los grandes subsidios en los que se sustenta la aviación (cero impuestos energéticos, climáticos, administrativos), entre otros. Hace más de 30 años, la Cuenca de México fue declarada “Zona de Desastre Ecológico Mundial”, una de las diez zonas más deterioradas de la Tierra, de acuerdo a científicos que entonces observaban territorios vía satélite. Ni la Cuenca ni la Ciudad de México pueden resistir un proyecto de tan descomunal impacto ecológico, ambiental, urbano, cultural, social, económico y político como lo es el NAIM.

La mejor respuesta a la demanda de viajes en avión de la Ciudad de México y del país consiste en penalizar al “viajero frecuente”, responsable principal de su crecimiento y de la aniquilación de la conciencia climática, ecológica, cultural y social de los niños y los jóvenes. 

Cualquier persona que registre más de 6 vuelos al año en el país (entrada o salida) debe ser considerado “viajero frecuente” y debería cubrir un impuesto de 20% adicional en su boleto siguiente y cada vez que duplique este número de vuelos se deberá duplicar la tasa de impuesto; por ejemplo: del vuelo 13 al vuelo 24, (típicos de gerentes y jefes de departamento de empresas) pagaría 40% de impuesto; del  vuelo 25 al vuelo 48 (típicos de ejecutivos federales y transnacionales) pagaría 80% de impuesto, por su boleto de avión; del vuelo 49 al vuelo 98 (típicos de presidentes y secretarios de gobierno y altos ejecutivos de corporativos) pagaría 160% de impuesto. 

Con este impuesto gana la sociedad y sería innecesario construir nuevos aeropuertos. El viajero frecuente, una pequeñísima minoría, es el gran promotor del NAIM.  

 Penalizar al viajero frecuente de la aviación: la mejor respuesta al NAIM

 

 

 

EL AUTO DEVORA A LA CIUDAD 

 Alternativas al uso del auto y el transporte en general 

Miguel Valencia Mulkay 

Conferencia del 7 de marzo de 2018 en la PAOT, en el marco de las actividades preparatorias de The North South Conference on Degrowth – Descrecimiento, México City. 

El auto es envidiado, deseado, adorado, amado, por muchas personas como si fuera un fetiche con poderes mágicos y desde luego, es apreciado, alabado, elogiado, aclamado, por una gran parte de la Sociedad. 

Es una máquina que produce intensas sensaciones de velocidad, de poder, de posesión, de éxtasis : en algunas personas provoca sensaciones cercanas al sexismo: se cree que aumenta la masculinidad, la feminidad, la elegancia, la distinción, la seguridad, el bienestar, la influencia, la productividad, la competitividad, el Buen Vivir. 

 Se dice que es una segunda piel, la extensión de mi casa, una cama viajera, una defensa contra la maldad, la suciedad, la fealdad ambiental; se le considera un elemento indispensable de una vida civilizada. Más de 100 años de publicidad, promoción y tecnologías perversas y de subsidios gubernamentales han conseguido instalar su incontestado dominio sobre la sociedad y la Ciudad. 

 La escuela, los medios y las tecnologías concurren en apoyar el uso del auto: evitan explicar los efectos perniciosos del auto y lo presentan como una maquina indispensable, para conseguir algo tan deseado y tan ilusorio que llaman “superación”, “bienestar” o “desarrollo personal” o para “progresar” o “crecer”.

 La posesión de un auto se ha convertido en un objetivo fundamental del “Buen Vivir” moderno. La gran mayoría de los seres humanos aspiran a tener un auto y una buena parte de ellos es adicto a su uso.

 El auto puede generar cambios de conducta similares a los que produce la heroína, la cocaína u otras drogas duras, además, da carta de naturalización a los ciudadanos; una persona sin auto influye cien veces menos en los asuntos públicos. 

Por su parte, una persona con auto adopta exigencias y opiniones muy enérgicas, beligerantes, en muchos aspectos de la vida: siente que el mundo le debe mucho, que necesita más subsidios y más libertades: quiere volar como si fuera un dron y acceder fácilmente a cualquier rincón del mundo en su nave. 

Se siente un piloto de una nave espacial que navega por el universo apoyado en un conjunto de súper instrumentos electrónicos. Las restricciones a la velocidad le parecen absurdas y mucha más la multas que puedan derivarse. 

 Desde hace muchas décadas, los gobiernos que tienen alguna relevancia en el mundo occidental han hecho un gran esfuerzo por apoyar el uso del auto de diversas maneras: se pavimenta intensamente el territorio- se abandona el transporte sobre rieles, para fomentar el rodamiento sobre grandes ruedas de hule-, se construyen frenéticamente vías rápidas en diversos niveles- superficie, subterráneas (túneles, deprimidos), distribuidores viales, segundos, terceros, cuartos pisos; se entrega una enorme porcentaje de la superficie publica a su circulación- 60% en Los Ángeles, Ca.-; se fomenta la construcción de estacionamientos públicos o privados que hacen más cara la vivienda y más lenta la circulación; se anula la garantía de Libre Tránsito dando prioridad al auto en la vía pública; se aprueban leyes, normas, reglamentos, programas que apoyan sólidamente el crecimiento de la circulación en auto; se abandona la protección de los animales, peatones, las bicicletas, el transporte público, las áreas verdes, los edificios con calidad arquitectónica, los bosques periurbanos, las tierras laborables; se construyen infraestructuras de transporte colectivo – Metro, Metrobus, trenes suburbanos-, que apoyan la urbanización del campo y los bosques; se subsidian las gasolinas y los aceites; se desinforma a los ciudadanos sobre los subsidios y apoyos que el Estado le entrega al auto; se ocultan los daños que ocasiona a los animales, los árboles, los suelos, los subsuelos, los arroyos, los humedales, los ríos, los lagos, el aire, el clima y desde luego, a los niños, los discapacitados, los ancianos, las mujeres y en general a los seres humanos; se autoriza la circulación de autos que desperdician la gasolina o que contaminan mucho; se subsidia la extracción de combustibles fósiles; se simula que se enfrenta el desastre climático, con la aplicación de mecanismos de mercado y medidas de apariencia que nos hacen perder un tiempo precioso. 

 Se oculta el subsidio ecológico que tiene el auto: costos infinitos para conseguir objetivos políticos y económicos despreciables. El mundo no es igual del otro lado del parabrisas. Quien utiliza regularmente el auto sufre una distorsión cognitiva: ve el mundo de otra forma. 

 El automovilista ve la paja en el ojo ajeno: piensa que los topes, las banquetas, los semáforos, los árboles, las palmeras, las áreas verdes, las ciclo pistas, el Metro bus, los viejos edificios, los bosques, los cerros estorban la circulación del auto: deberían achicarse o ser eliminados; los perros, los gatos, los caballos, las vacas, los peatones, los ciclistas y las carretas deberían permanecer en áreas privadas o sobre grandes ruedas de hule; la fauna y la flora silvestre debería permanecer en áreas muy restringidas; los atropellamientos y los choques suceden por la imprudencia de los cuadrúpedos y los bípedos que caminan por la vía pública; la contaminación del aire es un problema creado por las fábricas, el transporte público (la ruta 100) y la naturaleza; los baches, el deterioro de las grandes infraestructuras incluyendo la distribución de agua se deben a la falta de gasto público en su mantenimiento, un gasto que por otra parte deben pagar quienes no tienen auto pues todos nos beneficiamos por igual de ellas; no deben crearse impuestos a la tenencia del auto: se sabe que el auto no daña los pavimentos ni los semáforos, ni los edificios, tampoco crea problemas como para integrar y mantener cuerpos de agentes de tránsito, para moderar la circulación de los autos, para controlar la contaminación del aire; mucho menos el auto impulsa el cambio en el uso del suelo, la destrucción de las economías locales y contribuye centralmente en la devastación climática y ecológica. 

 El automovilista opina que paga muchos impuestos y por ello debe circular gratuitamente por las calles tanto como se le dé la gana. Le parece de sentido común su derecho a eliminar otras formas de movilidad como el transporte público, las bicicletas, los peatones, los animales; hay un sentido común especial de los automovilistas, siempre favorable a ellos y desfavorable a los demás. 

El automovilista tiene tanto poder que consigue obligar a pagar los daños que provoca no sólo a quienes no tienen auto, sino a quienes todavía no nacen, las futuras generaciones; Trump se formó entre automovilistas; además, el automovilista obliga a callar a quienes encuentran en ello una injusticia: los considera envidiosos, rencorosos: no tienen un auto. 

Es el mejor aliado de los negadores del desastre climático y ambiental; no se siente responsable principal de este fenómeno; también, es un gran aliado de las empresas transnacionales petroleras que destruyen selvas, bosques, ríos, mares, especies animales y vegetales, culturas, territorios, con el fin de extraer combustibles fósiles, transportarlos, refinarlos y distribuirlos. 

Además, es el mejor aliado de quienes se benefician con el uso del auto: las grandes tiendas de auto servicio y departamentales, las grandes torres de oficinas y departamentos, las grandes instalaciones hospitalarias, educativas, de entretenimiento, los megaproyectos en general: quienes requieren grandes estacionamientos para lograr sus objetivos de utilidades. 

El uso del auto crea, estructura, hace crecer las conglomeraciones, las verticalizaciones y los cambios en el uso del suelo o gentrificaciones. Las megalópolis o grandes urbanizaciones se sostienen por el uso intenso del auto. Las comunidades, los barrios, los pueblos, las colonias, las ciudades, pierden su naturaleza o su condición original o histórica y se destruyen principalmente por la circulación de autos.

 El auto nos promete viajar a gran velocidad, los odómetros de los autos pueden registrar cuando menos velocidades diez veces mayores – 200 kmh- a la velocidad promedio en ciudades como la Ciudad de México que tiene muchas horas con una velocidad promedio de 14 kmh. Por su proliferación o democratización, el auto ocupa entonces más del 80% de la superficie pública y se ve obligado a viajar a 15 kmh , la velocidad promedio de una bicicleta; en horas pico viaja a 8 kmh. 

Es una maquina fraudulenta: ofrece ahorrar tiempo y en los hechos nos hace perder el tiempo. La promesa de velocidad del auto tiene consecuencias catastróficas. Está diseñado para circular sobre la superficie de Tierra en un mundo frágil, vulnerable, que se destruye rápidamente por el paso de cualquier aparato que transite en todas las direcciones, con cientos de millones de unidades, sobre la superficie de la Tierra a una velocidad superior a los 30 kmh. 

El transporte corta las líneas de la vida como las rutas o caminos de los peatones y los animales, como los bosques y las selvas que transforma en zonas muertas; el auto encabeza la destrucción ecológica que realiza el transporte. 

La velocidad en la Ciudad ejerce una devastación igualmente catastrófica: crea congestionamientos y lentitud: expulsa de la vía pública a los niños, los ancianos, los pestones, los perros, los gatos, los caballos; mata la convivencia humana, la diversidad cultural que es la esencia de la Ciudad. Miles de millones de personas viajan diariamente, como muertos en vida, como zombies, dentro de cientos de millones de autos y unidades de transporte colectivo. Hay una velocidad de los autos que paraliza a la mayoría. 

Cuando unos pocos consiguen viajar a más velocidad, como sucede con las vías rápidas, se frena el transporte de la mayoría: la lucha por la velocidad del transporte, realizada diariamente por técnicos del transporte, autoridades de la Ciudad, empresarios y usuarios del transporte tiene resultados paradójicos: provoca el freno generalizado de la circulación, la pérdida de tiempo y la destrucción de la Ciudad. 

Tienen la mente colonizada por ideas de productividad y competitividad que sólo hacen muy ricos y poderosos a unos pocos y que están condenadas al fracaso. Los gobiernos carecen de respuestas adecuadas al problema del congestionamiento y la ´pérdida de tiempo. Rechazan la idea de la velocidad óptima en la Ciudad: 30 kmh. 

Por sus grandes dimensiones- entre 20 y 40 metros cuadrados dedicados a una persona a una velocidad de 50 kmh- el auto devora las superficies de la Ciudad y los tiempos de todo mundo, especialmente de quienes no tienen auto que se ven obligados a viajar con mayor lentitud. 

La contaminación del espacio está íntimamente ligada a la contaminación del tiempo. 

 La promesa de velocidad que tiene el auto presiona sobre el ambiente que rodea el auto; a toda hora los automovilistas luchan, guerrean, atacan, combaten, los obstáculos que les presenta la ciudad: peatones, ciclistas, transporte colectivo, otros autos, autobuses, tráileres, banquetas, topes, semáforos, postes, monumentos, áreas verdes, edificaciones en general y colisionan con ellos, consiguiendo poco a poco invadir tantas áreas como les sea posible y expulsar de ellas a cualquier freno o impedimento a su circulación: árboles, áreas verdes o peatonales. 

 Devoran el espacio y el tiempo de las personas. Los autos se estorban mutuamente: tan pronto se mueven devoran superficies; exigen 3, 5, 10 veces más superficie de la que requieren cuando se encuentran estacionados. 

Después de cierto umbral de autos en circulación, los autos frenan la circulación de otros autos al devorar superficies hasta que llegan a un congestionamiento cercano al colapso de la circulación. A 6 kmh hora consiguen mover el mayor número de personas en la vía publica. 

 El congestionamiento aumenta en el mundo; son famosos los congestionamientos de las grandes ciudades, inclusive tan cargadas de infraestructura a favor del auto como Los Ángeles, California, ciudad que ha sido el experimento mayor de la ciudad del auto. 

Los usuarios reportan más de cuatro horas diarias dedicadas al transporte en las megalópolis y las metrópolis. 

Estudios europeos revelan que a lo largo de décadas el tiempo promedio diario dedicado al transporte aumenta unos 3 minutos por año, a pesar de la continua construcción de vías rápidas. Es muy conocido el efecto de inducción del uso del auto que genera la construcción de vías rápidas. 

 Mientras más facilidades se dan para el uso del auto más se utiliza el auto en la ciudad. Los tecnólogos del transporte han fracasado en el tema de la movilidad urbana. En los últimos 50 años han conseguido que aumente continuamente las distancias promedio diarias y el tiempo diario dedicado al transporte en el mundo. 

 El tiempo diario dedicado al transporte urbano es el peor tiempo de la vida de los seres humanos: no sirve para estudiar, descansar, divertirse, ganar dinero; es una tortura china ordenada por los ricos y poderosos que quieren embrutecer y matar a la mayor parte de los seres humanos en dosis diarias de viaje. 

 El escandaloso tiempo dedicado diariamente al auto y al transporte en general es ocultado o minimizado por las autoridades y los “expertos en transporte y movilidad urbana”; se niegan a reconocer el fracaso de las premisas en las que está fundada la circulación de autos en el mundo. El caos urbano generado por el auto y el transporte en general convierte a las ciudades modernas en campos de concentración del que todo mundo quiere huir tan pronto haya una oportunidad. 

El uso del auto representa una de las más potentes devastaciones que una persona pueda hacer en varias direcciones: ataca el clima, la atmosfera, los suelos, los subsuelos, los mantos acuíferos, los bosques, las selvas, los glaciares, los ríos, los lagos, los humedales, las especies más vulnerables - los bienes comunes-; Es un atentado contra la existencia de los seres humanos. 

 La convivencia humana es imposible en una ciudad dominada por el auto: los que tiene auto, son una minoría que goza de un privilegio que destruye la equidad, la justicia, la Ley, las instituciones, la democracia, la Paz. Gracias a la circulación de autos, la vida en las ciudades se ha convertido en un infierno para la gran mayoría de la población. Sólo después del auto, el transporte colectivo produce también una enorme pérdida de tiempo, contaminación del aire y accidentalidad. El auto es la peor expresión de una de las actividades más nocivas del mundo: el transporte urbano. 

 El automovilista es la contraparte de la minoría que impone las nuevas tecnologías de muerte y la religión de la economía de crecimiento. El automovilista es responsable principal del colapso climático, ambiental, social, cultural, económico y político del mundo. Nos topamos entonces con una máquina mitificada, cuya utilización carece de racionalidad, que no sirve para ahorrar tiempo; no sirve para viajar con mayor seguridad; no sirve para mejorar la relación entre las personas; no sirve para mejorar la vivienda y la urbanización; no sirve para mejorar el consumo; no sirve para vivir bien; no sirve para mejorar la producción industrial; no sirve para dar empleo; no sirve para enriquecer al país. 

 La utilización de robots y otras tecnologías ha eliminado la mayor parte de los empleos que se utilizaban hace unos 30 años, para la fabricación de autos. El auto ahora estructura la creación de cadenas productivas de muy alta volatilidad, de muy nocivos efectos sobre la producción de nuevas tecnologías (auto eléctrico sin chofer) y la economía de la mayoría: produce ramas económicas que dañan a las demás ramas económicas: crean estructuras industriales perversas que desatan el mal funcionamiento de la sociedad, las economías informales y los mercados negros. Los tratados de libre comercio se estructuran alrededor de la principal máquina para la destrucción del ambiente y el clima. 

 El auto ofrece un magnífico objeto para la reflexión sobre el transporte, la industrialización, la mercantilización, la urbanización, la productividad, la competitividad, la diversidad cultural y biológica, la tecnología, el crecimiento, la economía, las instituciones, la equidad , las leyes, la jurisprudencia, los valores, la cultura. Los gobiernos se riegan a hacer estos estudios. Las universidades hacen todo lo posible por desalentar la investigación sobre estos aspectos. 

  Alternativas al uso del auto y el transporte en general 
En mundo sobran las falsas soluciones y las falsas alternativas. Los gobiernos y los partidos son grandes productores de falsas soluciones y falsas alternativas. Defienden lo indefendible y se niegan a reconocer el escandaloso fracaso de las principales tecnologías establecidas por la modernidad, como lo es el auto, la pavimentación, el Metro, la distribución del agua y otras tecnologías y el fracaso de la economía de crecimiento. 
Quieren ignorar que el crecimiento es un fenómeno que después de cierto umbral está ligado al cáncer y que la velocidad es un signo de depredación y destrucción. No se puede hablar de alternativas que no apoyan la reducción en el consumo de agua, electricidad, gasolina, metales, maderas, plásticos, que no fomentan el reuso de los materiales o su reciclamiento. No sirven las alternativas que no ayudan a cambiar los valores dominantes, los conceptos que utilizamos, las estructuras económicas y políticas que tenemos, la distribución del trabajo y la riqueza y la localización de la producción y el consumo. 

Si no se tienen estas condiciones no podemos hablar de alternativas válidas. Si aplicamos estos criterios de descrecimiento al uso del auto y el transporte en general, podemos proponer las siguientes alternativas: 1. Investigar el uso del auto y del transporte urbano. Hacer conciencia del estrepitoso fracaso de los conceptos auto privado, vías rápidas, Metro radial, trenes suburbanos y transporte colectivo en la zona urbana. Reconocer que diariamente se pierden en el mundo muchos millones de horas diarias, muchos millones de litros de gasolina, muchos millones de pesos; se producen muchos millones de toneladas diarias de gases que dañan el clima; demasiadas personas quedan discapacitadas o mueren por accidentes ligados al transporte y cientos de millones de personas sufren diariamente grandes humillaciones debido a las características y políticas del transporte urbano que utilizamos. 

Reconocer que estamos en un callejón sin salida, en una vía muerta, y que necesitamos retroceder y revolucionar en los asuntos del transporte. No sirven las ideas que se utilizan para resolverlo hoy en día: los autos eléctricos o sin chofer no resolverán el problema del transporte: son otro fraude; las vías rápidas, los subsidios a los combustibles fósiles y a las gasolinas, al transporte privado, el Metro, el Metrobus, el ocultamiento de los datos de tiempos perdidos, enfermedades y muertes provocadas por ellos sólo agravan el problema: es necesario llevar al mínimo el uso del auto y el transporte urbano antes de que aparezcan mayores calamidades; antes de que se produzcan las catástrofes humanitarias en las ciudades. Es necesaria la revalorización de la vida en todas sus vertientes: aire, agua, suelos, diversidad de especies y culturas, bosques, selvas, paisajes, parajes, perspectivas, animales, artesanías, fiestas, tradiciones, arte, belleza, obras bien hechas, la vida de los demás, la amistad, el Buen Vivir, la Paz y muchas cosas más deben ser revalorizadas. 

 2. No ser propietario de un auto. Tener un auto significa convertirse en un gran contaminador, en un gran depredador del ambiente, en un gran destructor de la convivencia humana; significa tomar partido por los que crean el colapso del mundo. Es necesario darle valor a la lentitud, la vida del pueblo, de la Ciudad, del territorio donde vivimos, del clima de la Tierra, de la No Violencia, de la Paz. 

3. Caminar tanto como nos sea posible o utilizar la bicicleta para desplazamientos de hasta diez kilómetros o el transporte público en caso de necesidad. Re conceptualizar el balance entre la caminata, andar en bici y el transporte: la caminata y la bici deben ser centrales, el transporte debe ser marginal en términos de tiempo diario promedio utilizado en desplazamientos. Apoyar la recuperación de la vía pública, por medio de la ampliación de las banquetas y de las áreas verdes: eliminación de pavimentaciones junto a las banquetas, para crear área verde; transformación de las vías rápidas en vías para el transporte colectivo. Apoyar las técnicas para moderar el tráfico. Salir de las garras del sistema que destruye la vida en la Tierra. 
 4. Reestructurar nuestro modo de vida, con el fin de utilizar menos el transporte: vivir cerca del centro de la ciudad o del pueblo o comunidad o de nuestro centro de trabajo (creación de proximidad) Analizar maneras de cómo no utilizar el transporte. Relocalizar nuestras actividades de producción y consumo. Consumir productos artesanales producidos en la cercanía; producir objetos y servicios artesanales para consumo en nuestra ciudad, pueblo o comunidad. Reducir nuestros consumos de productos y servicios industrializados, especialmente aquellos que se apoyan en mucha publicidad y mercadotecnia. Buscar una vida lenta que goza momentos de juego rápido. Reestructurar la vida alegremente, acompañado por amigos. Dar mayor valor a la amistad. 
 5. Gastar poco dinero en transporte público. Trabajar pocas horas en actividades económicas: empleo de pocas horas o producción autónoma cooperativa. 
6. Organizar grupos de investigación y acción política contra el auto privado y contra el uso excesivo del transporte colectivo en cada ciudad, 
 7. Exigir la reestructuración y la re conceptualización de la movilidad urbana: eliminación de los subsidios al uso del auto, tales como: la prioridad que tiene en la vía pública, la velocidad que se le permite circular: no permitir velocidades superiores a los 30 kmh.; la circulación del auto y los grandes autobuses en el corazón de la Ciudad o del pueblo o de la colonia. Eliminación del estacionamiento de autos en la vía pública. Eliminación de los subsidios a la contaminación del tiempo y el espacio, a la contaminación del aire, el agua, los suelos y los subsuelos, a los estacionamientos y la gasolina, al ingreso a la ciudad; apoyar el debate sobre la “velocidad óptima” del transporte o la fijación de límites de velocidad al auto, para reducir el tiempo perdido. 
8. Apoyar las “técnicas de moderación o calma del transporte urbano” como la amortiguación de la circulación a través de la mejora de la movilidad peatonal (pendientes, ancho de banquetas, muebles urbanos, cruces peatonales, mesetas, pasos de cebra, pisos especiales, protecciones en los cruces peatonales, orejas, angostamientos, refugios, pasos de sillas de ruedas y ciegos, reducciones de velocidad) o la amortiguación de la velocidad del tráfico (señalización, franjas de color en el piso, almohadas, lomos, mesetas o plataformas, miniglorietas, puertas, vaguadas, zigzag, barreras, regresos, diagonales, estrecheces, estrechamiento puntual, ciclovías, Metrobuses) 
Aplicar estas medidas, para proteger las colonias, los barrios, los centros históricos, los parques. Combatir a la mentalidad automovilística que se opone a las medidas de moderación de la velocidad. Estudiar los manuales europeos sobre la moderación del tráfico. 
 9. Criminalizar el uso del auto privado y el uso excesivo del transporte colectivo. El auto es un atentado contra la vida en la Tierra, contra el clima, contra la ecología, contra la existencia de las comunidades, contra la convivencia humana, contra las generaciones futuras, contra la economía local, contra la equidad, contra la democracia, contra el Buen Vivir. 
 Es necesario generar un cambio en el imaginario social que nos permita transitar hacia ciudades liberadas de la barbarie automovilística y transportista, ciudades en las que dominen la caminata y las bicicletas, las áreas verdes, en las que sea menor el uso del transporte público. 
Es indispensable luchar contra el uso del auto, emblema de la modernidad desquiciada. Esta transición deberá implicar un cambio radical en las leyes y en la jurisprudencia, que permita considerar al uso privado del auto como un acto de violencia contra la sociedad, contra el bien común. 
 10. Adoptar un enfoque de descrecimiento en el uso del auto y del transporte colectivo, en las políticas municipales y de la ciudad: llevar al mínimo su utilización y rescatar las Ciudades, los pueblos, los barrios, las colonias.
El regalo, la charla y la desindustrialización del mundo
 
Miguel Valencia Mulkay
  
  Intervención en la primera plenaria de la Primera Conferencia Norte Sur Degrowth- Descrecimiento, Ciudad de México 2018 4 de septiembre de 2018 

 Eje temático: Supervivencia 

Vivimos tiempos desquiciados y desquiciantes. El clima se vuelve irregular y extremo. Olas de calor, incendios forestales, inundaciones, sequías, tormentas, huracanes, en todas las latitudes, cada vez más frecuentes y destructivos. Desaparecen los glaciares, los corales, las abejas, los gorilas, las selvas, los bosques y diariamente, entre 100 y 200 especies. Los mares se llenan de plástico, los campos de peligrosos agroquímicos, las ciudades de autos y los cielos de aviones. 

 Falta el agua limpia a más de mil millones de personas. La basura, los desechos tóxicos y peligrosos migran hacia los barrios, pueblos y países más pobres del mundo. 

En los países del Sur se resienten los mayores daños generados por las alteraciones del clima y la ecología ocasionados por los usos y costumbres de los que en el mundo tienen un auto. 

 El gobierno de Trump abandona el Acuerdo de Paris, asfixia la ciencia climática y apoya el uso del carbón y el gas y petróleo obtenido por medio del fracking; entramos en la ominosa época de los combustibles fósiles no convencionales: al menos diez veces más devastadores que los convencionales ; se reproducen las energías alternativas de excesivo riesgo y daño socioambiental, como la nuclear, los biocombustibles y las grandes solares y eólicas ; el fracking se impone en el mundo por medio de represión y legislaciones antidemocráticas; se promueven guerras financieras y mediáticas para someter a Irán y Venezuela, por sus últimas grandes reservas de petróleo barato. 

 Para relanzar el crecimiento de la economía mundial se manipula el precio del petróleo. 

Se engaña a la sociedad vendiendo el gas como combustible limpio. Debido a los grandes subsidios que recibe, la aviación comercial crece exponencialmente: antes de 20 años cuadruplicará sus actividades.

 Los monocultivos crecen creando hambre, enfermedad y muerte. 

Unidas Bayer y Monsanto, saturan de glifosato los suelos del mundo mientras utilizan la Ley para exterminar a los pequeños productores de alimentos. 

 Por su dependencia del transporte a largas distancias, la producción industrial del mundo provoca un escandaloso desperdicio de agua, energía y alimentos. 

 Cada día es peor la calidad de los alimentos que comemos y peores nuestros hábitos alimenticios. Llegan a ser escandalosos los tiempos perdidos en el transporte urbano de las ciudades de los países del Sur. Las ciudades crecen sobre el campo como un cáncer maligno. 

 Por los gigantescos flujos de transporte que requiere, la globalización acelera la destrucción del clima y la biodiversidad. Ente cinco y quince veces arriba, los consumos de agua, energía, alimentos, metales, maderas, plásticos, de un ciudadano promedio del Norte global, comparado con uno del Sur Global. 

 Abundan las falsas soluciones climáticas, ecológicas, sociales y culturales propuestas por científicos, tecnólogos, empresarios y políticos.

 El delirio de la tecnociencia y la fe en las soluciones que ella puede crear, reducen las posibilidades de preservar o proteger el clima y la ecología. 

 La energía nuclear, la ingeniería genética, la nanotecnología, la robótica, la inteligencia artificial, la geoingeniería, entre otras, crean escenarios apocalípticos. 

 Van en aumento las catástrofes creadas por la productividad, la competitividad, la tecnociencia y el consumo de los países del Norte, y de quienes en el Sur viven como en el Norte. 

 Los costos económicos derivados de los daños socioambientales producidos por las contaminaciones, la devastación climática y ecológica anulan cualquier ganancia en bienestar y economía que se haya tenido por esta destrucción. 

 Los costos en salud creados por los productos industriales que consumimos exceden por mucho sus posibles beneficios sociales. 

Aumentan las horas de trabajo y el alejamiento de la vida individual y familiar en todo el mundo. La desigualdad aumenta sin cesar creando cada año más miseria en el Norte y en el Sur. En el mundo se dispara el consumo de drogas, la violencia intrafamiliar, escolar, laboral, urbana. 

 Las escuelas fabrican la desigualdad, el consumismo y la frustración de la mayoría de la población. México se desquicia por la introducción de armas que provienen de su poderoso vecino del Norte y el escandaloso consumo de drogas de esta potencia mundial. Sin embargo, más de la mitad de la población humana aspira a vivir como en Estados Unidos y la gran mayoría de la población de ese país es adicta a su destructivo modo de vida. 

 El suicidio crece a una tasa del 10% en los países de la OCDE. En estas sociedades desarrolladas, el éxito se traduce en una acumulación frenética de consumos y servicios que a su vez derivan en la elevación del stress, insomnio, desórdenes psicosomáticos y enfermedades de todo tipo (canceres, crisis cardiacas, alergias diversas, obesidad, diabetes). 

 En la medida que aumenta el desarrollo y el avance tecnocientífico aumentan los estados depresivos, la fatiga crónica, las tentativas de suicidio, las perturbaciones psíquicas, el consumo de antidepresivos, tranquilizantes, somníferos, antipsicóticos, estimulantes, adicciones de todo tipo, ausentismo, entre otros males. 

 Es muy ilusorio el bienestar de los países del Norte global. Terrible, el sufrimiento de los países del Sur global por su afán de imitar los absurdos modos de vida de los países del Norte. Grandes millonarios buscan desesperadamente maneras de reducir la población humana a la décima parte. La riqueza es una patología peor que la pobreza. 

En los discursos académicos se oculta la miseria moral de los ricos, cualidad que está en el núcleo de la cuestión social y económica. La riqueza genera la pobreza. La economía está organizada para bombear riqueza de los pobres a los ricos: es un juego suma cero, lo que ganan unos lo pierden los otros. 

 Cada día es más fuerte el lazo económico y financiero que une a las personas y cada vez es menor el lazo de amor, afecto, cariño, amistad, solidaridad; desaparece el regalo, la gratuidad, el altruismo y la sobriedad. 

 Muere la alegría, la belleza y la convivencia en el mundo mientras crecen sin límite las contaminaciones, la miseria, la violencia, la fealdad, las adicciones, la abyección, y las guerras multidimensionales. 

 El sistema político y económico hace infelices a todos. La religión de la economía y el culto a la ciencia y la tecnología nos han llevado a la miseria, el desamparo y un futuro impensable. El pensamiento económico- rigurosamente unidimensional (Marcuse)- controla ahora las mentes de la gran mayoría de las personas escolarizadas, informatizadas y desarrolladas. 

La entrada en la edad de los sistemas radicaliza la devastación simbólica, cultural, climática y ecológica del mundo. Mueren las conversaciones cara a cara, el conocimiento del territorio, la historia, la buena comida, el lenguaje, las fiestas, los símbolos, los saberes, las tradiciones y las culturas. Hay demasiado riesgo en nuestras vidas; hay demasiadas cosas en el mundo que resultan intolerables. 

 Es necesario decir ¡Ya Basta! a muchas cosas. 

 No podemos dejar que siga creciendo la pavimentación, el bombeo de agua, la aplicación de fertilizantes químicos y pesticidas, la producción de plásticos y alimentos chatarra, el uso de celulares, autos y aviones, el consumo de gas, petróleo, carbón, electricidad, la incineración de basura, la construcción de trenes de alta velocidad, gaseoductos, confinamientos para desechos tóxicos y peligrosos, centrales nucleares, bases militares, o el agotamiento de los acuíferos, la desertización, la contaminación del aire, el envenenamiento de los ríos, lagos, humedales, o la desaparición de especies, el derretimiento de los glaciares, la muerte de los mares, el desquiciamiento del clima. 

 No podemos ser indiferentes ante la devastación cultural realizada por los sistemas educativos, médicos, universitarios, alimentarios, de transporte, turismo, seguridad, producción, extracción, comunicaciones, información, diversión, protección, comercio; por los sistemas financieros, económicos, políticos, judiciales, militares, internacionales, mundiales, o por la agresión publicitaria, la manipulación mediática, el crédito al consumo y la obsolescencia programada. 

 No podemos mantenernos pasivos frente a la muerte, la enfermedad y la destrucción climática y ecológica creada por el avance tecnológico, el crecimiento económico y las inversiones para el desarrollo y la modernización. 

 Es apremiante cambiar de ideas, certidumbres, actitudes, modos de vida, mentalidades, filosofías políticas para poder sobrevivir a las catástrofes que enfrentamos. 

 Es una buena noticia saber que fracasan en el mundo las ideas de desarrollo, progreso y crecimiento económico, sin embargo, no podemos esperar que desaparezcan rápidamente, por mucho que los desastres en aumento contribuyan a su destrucción. 

 La colonización del imaginario social es muy profunda y arraigada. 

 Para que sobrevivan los más vulnerables, será necesario luchar toda la vida contra la extracción de gas, petróleo y minerales; contra la producción de gases que dañan el clima; contra las descargas de drenajes en arroyos, ríos, lagos, humedales y mares; contra la industrialización de la agricultura, la pesca y la crianza de animales; contra la generación de electricidad en centrales nucleares, termoeléctricas, grandes eólicas o solares; contra las grandes presas, trasvases, plantas de tratamiento de aguas; contra la construcción de supercarreteras, vías rápidas, trenes de alta velocidad y aeropuertos; contra la construcción de megaproyectos de cualquier tipo. 

 Todos tenemos mucho por ganar con la desaparición de las sociedades de crecimiento. La disidencia es también para toda la vida. 

La crítica, el combate a las ideas de utilidad, escasez, abundancia, riqueza, pobreza, productividad, competitividad, crecimiento, economía, sistemas, ciencia, tecnología, desarrollo, progreso, modernización, es permanente mientras estas palabras controlen la política. 

 Especialmente, es indispensable desmitificar el índice fetiche del bienestar moderno, el Producto Interno Bruto, y dejar de creer que el bienestar y la felicidad son asuntos que se pueden medir por medio de un índice. Bien tener no significa vivir bien. 

 Es indispensable rechazar la valorización económica de todas las variables no económicas; abandonar los números para poder entender las calidades del mundo. 

 El crecimiento del PIB mundial de los últimos 50 años demuestra que sirvió para descomponer el clima de la tierra, destrozar la ecología de los territorios, hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres y poner en grave riesgo la existencia de la humanidad. 

 Es absurdo el crecimiento infinito en una Tierra finita que proponen los economistas. ¿Cuáles son los axiomas del pensamiento económico? El regalo, la gratuidad, la amistad, representan una gran ayuda para salir del nexo económico que nos asfixia y entrar en una sociedad de descrecimiento. 

 La industria ha demostrado sobradamente su naturaleza perversa y destructiva: desquicia la percepción humana, degrada la relación de los seres humanos entre sí y con la naturaleza, genera grandes adicciones, destruye las buenas costumbres, produce demasiada basura, contaminación del aire y de las aguas y de los suelos; es el sustento de los servicios que debilitan las mentes y las culturas: la escuela, la comunicación y el transporte; es el apoyo principal de los sistemas del mundo que aniquilan la vida en la Tierra 

 Para proteger a los “condenados de la Tierra”, resulta inaplazable el fortalecimiento de una resistencia contra la industrialización de los países del Sur- guardianes de la mayor parte de la diversidad cultural y biológica del mundo-, y a favor de las nuevas artesanías ecológicas. 

 El regreso a una era de florecimiento de la artesanía bien podría ser la base de una vida convivencial, creativa y alegre y la muy necesaria desconexión de los países del Sur, de las ideas de desarrollo y crecimiento. Es perentoria la minimización de la industria en el Sur global. 

 Tarea de gran calado es la descolonización del imaginario social: sin ella es imposible construir una sociedad de descrecimiento, post desarrollo o post petrolera. 

La ruptura con la droga económica será tanto más difícil ya que es del interés de los banqueros y las transnacionales evitar que eso suceda. Bien puede resumirse esta tarea en el rechazo a la escuela obligatoria, la manipulación mediática y el consumo cotidiano moderno. 

La escolarización obligatoria, una droga perniciosa, ha fabricado muchas generaciones de seres humanos adictos al consumo, el trabajo y la uniformidad, imbuidos por ideas económicas, sumisos, serviles y frustrados que más tarde quedan presa de la telebasura y aprueban los desmanes del sistema político-económico. 

 La educación no obligatoria abre el camino hacia la recuperación de la imaginación y la creatividad. 

 La publicidad agresiva y omnipresente crea necesidades y acaba por controlar el imaginario social, de por sí devastado por la escolarización. 

 Por su exceso, la información se convierte en desinformación la que unida a la publicidad comercial y política se convierte en deformación, propaganda y manipulación. Una verdadera empresa dedicada a la intoxicación de la sociedad. 

 Las transnacionales, grandes manipuladoras de los deseos y las opiniones, han conseguido imponer el consumo de sus nocivos productos por estos medios. 

 La urbanización, los IPod y el internet completan la uniformización del imaginario y las aspiraciones creando las bases para el nacimiento del nuevo tipo de fascismo: el consumismo, un poder mucho más totalitario que el original. El modo de vida de los países desarrollados refuerza la colonización del imaginario. 

La denuncia de la publicidad y de la manipulación mediática resulta obligada para propiciar el descrecimiento y la convivencialidad; ayudan mucho en esta lucha: la investigación en estos asuntos y la experiencia obtenida. La recuperación de la conversación cara a cara, así como el uso de la bicicleta forman parte de central de las terapias necesarias para descolonizar el imaginario. 

 El arte nos permite sobrevivir a la barbarie creada por la sociedad de crecimiento. 

 El cambio de modo de vida es fundamental en el proceso de descolonización del imaginario: evitar el uso del avión, el auto, el celular; reducir el tiempo dedicado a la televisión, la radio, la navegación en internet. 

 El tecno ayuno es una manera de ayudar a la supervivencia; tenemos que convencernos nosotros mismos que se vive mejor viviendo con menos objetos y menos tecnología. 

 Por otra parte, el cambio de modo de vida de los desarrollados, escolarizados y modernizados, de los que tienen mucho, tiene un gran poder de transformación social. 

La corrupción de lo mejor es lo peor. 

 El ejemplo tiene un papel irremplazable en el descrecimiento. 

 No hay soluciones tecnológicas o económicas frente los predicamentos que enfrentamos. 

 Sin un cambio en las certidumbres que rigen nuestras vidas, en la visión del mundo, la epistemología, la filosofía que tenemos, no hay sobrevivencia ni liberación posible. Es indispensable desear ser libre y poner voluntad para lograrlo.
La técnica, trampa mortal 
Homenaje a Jean Robert 26 de septiembre de 2017 
Miguel Valencia Mulkay
En su trilogía consagrada a la técnica , Jacques Ellul expone cuatro proposiciones: Todo progreso técnico se paga. El progreso técnico plantea más problemas de los que resuelve. Los efectos nefastos del progreso técnico son inseparables de sus efectos favorables. Todo progreso técnico conlleva un gran número de efectos imprevisibles. Más aun, nos dice, la técnica es potencialmente totalitaria, agota las riquezas de la Tierra y vuelve impensable el futuro. Y afirma: todas las antiguas civilizaciones se uniformizan bajo el modo técnico; la verdadera globalización es la técnica. 

 La técnica es el concepto clave en la obra de Ellul: distingue la operación técnica del fenómeno técnico que define como la preocupación de la inmensa mayoría de los hombres de nuestro tiempo, de investigar en cualquier cosa el método absolutamente más eficaz. Es por ello que insiste en la utilización del término “técnica” a la vez más global y más preciso que aquel de “tecnología” que en rigor etimológico quiere decir el discurso sobre la técnica. Según él, la técnica no es ni buena ni mala y sobre todo no es neutra. “Lo que tomamos por neutralidad de la técnica no es otra cosa que nuestra neutralidad frente a ella” advierte su inseparable amigo gascón B. Charbonneau. 

Contrariamente a lo que remacha la asfixiante propaganda empresarial y gubernamental, la técnica no depende del uso que se hace de ella sino en la profunda modificación que realiza en el medio en el que se despliega o se implanta y cómo moldea a los seres humanos que la utilizan. Las soluciones técnicas alimentan y prolongan el mal que ellas pretenden curar. Nos advierte: La técnica enajena al ser humano. Embriagado por su pasión técnica, el hombre y la mujer modernos son más poderosos que sus ancestros, pero ciertamente son menos libres. La técnica refuerza al Estado: una sociedad tecnificada es necesariamente una sociedad de vigilancia y de control. Y del control a la coerción y la represión no hay sino una etapa que estamos a punto de franquear. 
 
La técnica no se contenta en ser el factor principal o determinante, se ha convertido en sistema. Un universo que se construye a sí mismo como sistema simbólico. Crece la autonomía de la técnica a costa de la autonomía de los seres humanos. El abandono del orden tradicional, de la religión o la moral, el proceso que desacraliza el mundo desde la fundación de los bancos hace más de 800 años, impulsa la ruptura de las limitaciones del sujeto que ahora busca autonomía por medio de la técnica; en beneficio de la autonomía del sujeto, la instrumentalidad conoce en los últimos tiempos una exuberancia que mejora la eficiencia de la acción humana; así llegamos al dogma de la productividad y la competitividad. 

 Ivan Illich reconoce la importancia del pensamiento de Ellul, lo llama su maestro y abunda en sus reflexiones sobre la técnica. En su libro Energía y Equidad (1973), analiza las contradicciones y la contraproductividad inherentes a una técnica concreta: los transportes, en particular una que es símbolo de la modernidad: el automóvil. No le interesa analizar los aspectos económicos que éste genera sino la contribución que presta a la circulación: confirma que éste reduce la igualdad entre los hombres, limita la movilidad personal dentro de un sistema de rutas trazadas al servicio de las industrias- las supercarreteras se construyen en México, para que funcionen los flujos de mercancía amparados por el “libre comercio”- y además, aumenta la escasez de tiempo dentro de la sociedad. 
 
Hoy se puede añadir que el uso de los transportes representa una de las causas centrales del desastre climático. Los automóviles nos prometen llegar más rápido y acaban haciéndonos perder el tiempo y la salud: producen contrasentido. 

 Inspirados por las reflexiones de Illich sobre los transportes, Jean Pierre Dupuy y Jean Robert, unen esfuerzos a principios de los años 70 y realizan investigaciones en el Centro de Investigaciones sobre el Bienestar de Paris y en el CIDOC de Cuernavaca, Morelos que detallan en su libro La Traición de la Opulencia (1976) Describen cómo los transportes devoran el tiempo social, se convierten en una prótesis que inhabilita nuestros pies, dislocan el espacio humano, aniquilan la ciudad, producen urbanizaciones gigantescas e indiferenciadas, separan localmente a los seres humanos, crean confusión entre lo fijo y lo móvil, entregan la mayor parte del suelo urbano a la circulación de autos, expulsan continuamente a los pobres a la periferia urbana, descuartizan el hábitat urbano, entre otros mucho efectos negativos. 
 Advierten, además, de otros aspectos creados por los transportes cómo la deslocalización del tiempo, su contaminación: carecemos de tiempo para disfrutar de los objetos que pueblan nuestra vida debido a la falta de tiempo: dedicamos demasiado tiempo al transporte cotidiano y a las actividades que nos hacen “ganar tiempo”. 

 Por su parte, Jean Robert decide prolongar la colaboración con Jean Pierre Dupuy: por más de cuatro años compilan cientos de datos sobre informaciones oficiales de los transportes. 

Con fundamento en ellos, Jean Robert publica en 1980, en Paris Le temps qu’on nous vole- Contra la Societé Chronophague( El tiempo que nos roban- Contra la Sociedad Cronófaga) en el que analiza la velocidad paralizante de los transportes, el conmutaje o pendularidad (las horas diarias dedicadas a viajar de los suburbios-dormitorios a los centros de trabajo: trabajo fantasma que no se paga), la manera en la que los planificadores hacen transferencias de privilegios a los agentes económicos más productivos, la forma en que la aceleración de algunos privilegiados hace lenta la movilidad de la mayoría, el modo en el que se crean las “vías rápidas”, para favorecer a los autos que viajan a lugares lejanos y desalentar los viajes a lugares cercanos. 
 
Explica como aumenta continuamente el tiempo perdido en el transporte a pesar del aumento y la saturación de opciones de circulación y como fracasa en el mundo el transporte al servicio de la economía. 

Analiza las ideas que ocultan los planificadores y los urbanistas. Hace una severa y bien fundada crítica de las perversas premisas utilizadas por quienes organizan los transportes, por quienes nos imponen la inhumana urbanización moderna. Se trata de vender autos aunque perdamos mucho tiempo en el transporte cotidiano. 
 
Jean Robert nos demuestra la imposibilidad de resolver el transporte urbano, con las técnicas e ideas económicas dominantes. Gracias a él hemos descubierto la trascendencia del pensamiento de Jacques Ellul, un autor ignorado por nuestras universidades. 

La Técnica y la Economía matan la vida en la Tierra y hacen impensable el futuro de la humanidad. 

 Feliz aniversario, Jean Robert Ciudad de México, 26 de septiembre de 2017 

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