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jueves, 26 de enero de 2023

El combate y la mitigación del cambio climático como manifestación del reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza.

Presentación de Miguel Valencia Mulkay en el panel 4 de la Cumbre de la Madre Tierra de la Ibero Santa Fe 26-28 de octubre de 2022

Hay que reconocer que el combate o la lucha, contra la negación, la subestimación o desatención o la mercantilización del cambio climático ha sido hasta el momento producto de las acciones realizadas por un muy pequeño número de personas de muchos países: indígenas, campesinos, trabajadores, vecinos de pueblos, ejidos o barrios, profesionistas, pequeños y medianos empresarios, investigadores científicos, académicos, políticos de alto nivel, funcionarios nacionales o internacionales que a lo largo de casi un siglo han tenido la conciencia de la calamidad inédita que entraña este fenómeno, y sobre todo, han tenido el valor de denunciar públicamente las terribles consecuencias que podría acarrear esta radical alteración del clima.

Estas personas tuvieron o han tenido esta valentía porque amaron o aman la belleza natural de los territorios y los mares del mundo que tuvieron o han tenido la posibilidad de conocer; porque amaron o aman los árboles, los bosques, las selvas, los ríos, las mares, los glaciares, las mariposas, los peces, las ranas, las tortugas, las aves y los mamíferos. Y amaron o aman la tierra y sus bellezas porque desde su infancia cultivaron con sus manos sus alimentos o cazado o pescado lo que han comido, o porque han tenido una inclinación natural o cultural por gozar y respetar la vida silvestre y en general, las plantas y los animales, y también, por compadecerse del sufrimiento de los seres humanos más débiles y gozar y respetar la belleza producida por el ser humano. Gracias a estas personas, los gobiernos y los partidos políticos han realizado muy tímidas acciones para tratar de mitigar el colapso del clima y la devastación de la ecología y el medio ambiente.  

El combate o la lucha contra la depredación del equilibrio climático se ha inspirado mucho en las acciones en defensa de la naturaleza realizadas por las culturas vernáculas del mundo y las acciones realizadas, por los movimientos indígenas y campesinos de todos los continentes, en los últimos tres siglos; por el viejo movimiento naturalista nacido en el norte de Europa y de Estados Unidos, hace unos tres siglos; por el movimiento ecologista, nacido en los países ricos y poderosos a principios de los años 70, y también, por los movimientos pacifistas, antinucleares, contra el crecimiento económico sin límite (descrecimiento) y  de los derechos humanos, nacidos en el siglo XX. Estos movimientos tienen mucho terreno en común, concurren en muchos puntos.

El combate o las luchas contra la investigación científica para el desarrollo de la guerra biológica, nuclear, aeroespacial,  química, electrónica y otras; contra las centrales nucleoeléctricas y los confinamientos de residuos nucleares;  contra la extracción de gas, carbón o petróleo;  contra la minería a tajo abierto; contra la construcción de parques eólicos y solares; contra la construcción o ampliación de aeropuertos, trenes rápidos, supercarreteras, presas; contra el uso excesivo del avión, el auto y el tren de alta velocidad; contra el uso  de los plásticos, agroquímicos, como el glifosato o los neonicotinoides o las semillas transgénicas; contra los campos de golf y los desarrollos turísticos; contra las presas, los trasvases de agua y los grandes drenajes; contra los segundos pisos, distribuidores viales y otras vías rápidas; contra el uso excesivo de bombas y tubos y el excusado con agua potable; contra la pavimentación del territorio y la desaparición de los bosques periurbanos y áreas verdes de las ciudades; contra la 5G y el internet de las cosas, el smartphone, los drones, las baterías; contra la industrialización de los alimentos; contra la urbanización del territorio; contra la publicidad omnipresente y la obsolescencia programada; contra el productivismo, el consumismo, el desarrollismo, el progresismo, el economicismo y el culto a la ciencia y la tecnología, han sido, entre otras luchas ecologistas o ambientalistas, muy cercanas al combate y mitigación del cambio climático y a las luchas por el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza, los derechos de los pueblos originarios y los derechos humanos.

En fondo de todas estas luchas, está la lucha por la liberación de la Naturaleza en su sentido más amplio, incluyendo a los seres humanos que viven en el desamparo más grande, ya sea por la violencia tecnológica, económica y política o por el desquiciamiento que provoca en el ser humano el exceso de poder y dinero. El ecologismo considera al ser humano, a la sociedad humana, como parte de la Naturaleza o de la Ecología del territorio. No los separa, los defiende por igual. El ser humano es también un animal, como las lombrices o las abejas o los pulpos o los tlacuaches. Y entiende que las mismas fuerzas que han hecho posible que una parte entera de la riqueza biológica se encuentre en vías de desmoronarse y que colapse el mismo equilibrio térmico de la Tierra, han creado por otra parte, los grandes desequilibrios mundiales, como el exceso de población, el hambre endémica, la destrucción del hábitat, la miseria en la que vive una gran parte de los seres humanos y la excesiva concentración de poder y riqueza económica en manos de una muy pequeña minoría de seres humanos.

Una manifestación muy relevante del reconocimiento de los derechos de la Naturaleza, es la lucha social para exigir la aprobación gubernamental de las medidas políticas extraordinarias coherentes con la Emergencia Climática, una situación que ha reconocido ya el Panel Intergubernamental de Expertos en el Cambio Climático de las Naciones Unidas, el IPCC, en sus reportes de 2018,19 y 21 – un reconocimiento que ha cambiado radicalmente la situación política y económica del mundo-. Para que los gobiernos adopten medidas políticas, como las siguientes: decir la verdad sobre la situación del clima, con base en la ciencia climática; consultar a la población sobre los cambios de gran calado que se requieren en la forma de producir y consumir alimentos o para reducir radicalmente el uso excesivo del transporte urbano y el desmedido transporte de mercancías o para la eliminación de los agroquímicos en la agricultura o por otra parte, dejar de promover tecnologías que no sirven realmente para hacer frente al colapso del clima y dejar de defender el crecimiento económico y la tecnología, como solución a todos nuestros males, incluyendo las contaminaciones y la devastación climática y ambiental.  

Urge reconocer los límites físicos de la Naturaleza. Urge Cambiar el Sistema No el Clima. Bienvenida la iniciativa para impulsar en México el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza.

 

 

 

 

 

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